By / 5th January, 2015 / Uncategorized / Off

Sin lugar a dudas, la cultura del vino y el conocimiento de la industria del vino llegaron a Cataluña alrededor del siglo sexto antes de Cristo. El área era entonces la colonia griega más importante de España, y Emporiae era la ciudad griega que más tarde dio su nombre a la comarca de l’Empordà. Cuatro siglos después, existe evidencia arqueológica y documental para demostrar que los vinos de las tierras de Emporiae y otras áreas de la Tarraconense eran conocidos en los mercados nacionales de otras provincias del Imperio Romano y en la propia metrópoli.

En la Edad Media, cuando las vides se cultivan cerca de abadías y monasterios, los viñedos en terrazas cultivadas por el Monasterio de Sant Pere de Rodes cubrían las laderas de la cordillera Rodes Montaña. Es aquí donde se cree que el monje Ramón Pere de Noves que ha destacado en el arte de la elaboración del vino y de haber escrito un tratado sobre el tema. También hay pruebas que demuestran que los monasterios de Sant Quirze de Colera y Santa Maria de Vilabertran también poseían viñedos en el Empordà.

En los siglos 18 y 19, las vides demostraron su capacidad colonizadora y se convirtió en un símbolo para el crecimiento agrícola, que impulsó el crecimiento demográfico significativo en el área de producción. Un paisaje único de cipreses con terrazas de piedra seca, muros y casas de campo. La plaga de la filoxera apareció por primera vez en Cataluña en 1879, en un viñedo en Rabós d’Empordà. Así finalizó una época próspera para los vinos del Empordà. La recuperación fue dura. Los viñedos nunca se recuperaron en la totalidad de las tierras que habían ocupado antes de la plaga.

El movimiento bodega cooperativa fue inicialmente promovido por la Mancomunidad de Cataluña, y más tarde por la Generalitat republicana alrededor de 1930. Este fue el comienzo de una nueva era de la mejora de los procesos de elaboración del vino; nuevas bodegas se construyeron y redes de ventas se ampliaron. Además de estas novedades, muchas iniciativas privadas se pusieron en marcha y el resultado fue que la calidad de los vinos del Empordà ganó fama y popularidad en muchos mercados.